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La química del pensamiento

Las neuronas se comunican por impulsos eléctricos.

Los pensamientos viajan por largos cables de neuronas, que si ven interrumpida su reacción en cadena de corriente bioeléctrica dejan recuerdos o pensamientos incompletos.

De hecho, en este momento por nuestro cerebro está pasando una corriente eléctrica capaz de encender una bombilla de 25 vatios.

La mayoría de las neuronas son alargadas, se asemejan a árboles, con un sistema de ramas en un extremo y un sistema de raíces en el otro, árboles extraordinariamente diminutos, cabrían 20 000 en la cabeza de un alfiler.

Las raíces de las neuronas se llaman axones. La información entra en los axones provenientes de las ramas dendríticas de las neuronas contiguas. Entonces viaja en forma de impulso eléctrico, por el tronco de la neurona y finalmente llega a las ramas o dendritas.

De las dendritas, el impulso nervioso va hasta los axones o raíces de la siguiente neurona. Al final, esto forma un pensamiento o recuerdo completo, parecido a una cadena.

Cuantas más dendritas y conexiones tenemos y más sanas se encuentran, más inteligentes somos.

En los últimos años, los investigadores han comprobado que es posible estimular el crecimiento de nuevas ramificaciones de dendritas a través de programas integrales de longevidad cerebral.

Las neuronas jamás se tocan entre sí, siempre hay una pequeñísima separación entre ellas, conocida como sinapsis. ¿Cómo superan esa separación los pensamientos o recuerdos? Con la ayuda de sustancias químicas conocidas como neurotransmisores.

Existen al menos 100 tipos de neurotransmisores, muchos de los cuales reciben la denominación de neuropéptidos.

Los principales que intervienen en la mayoría de los procesos cognitivos sólo son 6, cada uno con una función diferente, capaces de transmitir estados de ánimo y sentimientos distintos.

Podemos influir sobre nuestros estados de ánimo y mejorar enormemente la memoria, simplemente estimulando la liberación de diversos neurotransmisores a través de un estilo de vida que nos brinde apoyo a través de la alimentación adecuada, tónicos naturales, control de estrés, entrenamiento en técnicas de relajación profunda, ejercicios mente –cuerpo (Yoga) y ejercicios mentales como distintas tradiciones de meditación.

Los 7 grandes neurotransmisores:

Acetilcolina:

Superestrella de la memoria, la concentración y del pensamiento. Elementos nutritivos que favorecen su producción: Se alimenta con: Lecitina, Vitaminas B, Vitamina C y ciertos minerales.

Noradrenalina:

Llamada también norepinefrina, es excitante y alerta aún más el cerebro. Esencial para transportar los recuerdos almacenados en la memoria inmediata del hipocampo al almacén de memoria a largo plazo del neocórtex. Es la sustancia química que nos permite recordar acontecimientos dolorosos o felices durante toda la vida. El exceso de esta sustancia puede impedir grabar informaciones nuevas y obstaculiza el pensamiento racional, así como la toma de decisiones sensatas. Interviene en nuestras pautas de sueño, su exceso hace que no podamos dormir y regula el impulso sexual, estimulándolo. Otra función importante es mantener a la persona de buen humor. Elementos nutritivos que favorecen su producción: Dos aminoácidos conocidos como L-fenilalanina y la L-Tirosina, que necesitan estar combinados con las vitaminas C, B, B6 y el cobre para producir la sustancia.

Dopamina:

Controla el movimiento físico. Aumenta la longevidad no sólo cerebral sino también física. Mejora el ánimo, el impulso sexual y la capacidad para recordar y además contribuye al funcionamiento adecuado del sistema inmunitario. Quema las grasas, construye masa muscular y mejora la movilidad. (Aminoácidos tirosina y fenilalanina, ácido fólico, magnesio y vitaminas C y B12)

Serotonina:

Nos da sensación de bienestar, nos ayuda a conciliar el sueño y a controlar el dolor. A través de los ejercicios mente cuerpo del programa de longevidad cerebral, estimulamos la serotonina para el día y la melatonina para la noche.

L-glutamato:
 Fundamental para el registro y almacenamiento de información nueva y para recordar la ya existente. Además, inhibe la reacción del estrés permanente y por lo tanto la secreción excesiva de cortisol.

GABA (ácido gamma-aminobutírico):
Calmante, necesario para relajarnos y conciliar el sueño, esencial en nuestra batalla contra el síndrome de la mega información, que nos bombardea el sistema nervioso con exceso de información sensorial. (A través de las técnicas de relajación profunda y de la meditación del programa de longevidad cerebral estimulamos el buen funcionamiento de este neurotransmisor)

Las endorfinas:
Técnicamente, estas sustancias no son neurotransmisores, aunque sus efectos sean similares. Se liberan en reacción a casi cualquier tipo de estrés importante, físico o emocional y con frecuencia alivian el dolor y la angustia. Estimulan el interés, la atención y la concentración. Nos protegen de los efectos físicos y psíquicos del estrés extremo y del dolor.

La producción de estas sustancias químicas puede estimularse a través del ejercicio físico, el chocolate y los besos apasionados.

Los neurotransmisores, esas sustancias químicas que flotan libres sin conformar estructuras permanentes, cumplen un papel tremendamente importante en nuestras vidas. Los programas integrales de longevidad cerebral han demostrado tener una reacción sorprendentemente rápida sobre los mismos, proporcionando un ambiente bioquímico adecuado para su buen funcionamiento, mejorando nuestra capacidad intelectual, nuestra memoria y nuestras emociones.

¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando meditamos?

Durante la práctica de la meditación se producen importantes modificaciones en algunas funciones fisiológicas y en la actividad cerebral.

Cada neurona está conectada directa o indirectamente a todas las demás, formando una compleja red de interconexiones donde los impulsos nerviosos se transmiten de una a otra a lo largo de todo el circuito. 

Y sólo logran transmitirse si la carga eléctrica de cada neurona alcanza determinado nivel. Cuando esto sucede se produce una descarga que da origen a las ondas cerebrales.

Estas ondas poseen amplitud y frecuencia. La frecuencia, el voltaje y la amplitud de las ondas cerebrales varían según los distintos estados de conciencia.

Los yoguis bien entrenados acceden a voluntad a los estados alfa y theta, lo que les permite acceder a estados de relajación profunda, incrementar su creatividad y percepción extrasensorial, manejar su mente subconsciente e influir sobre las funciones fisiológicas involuntarias.

Meditación. Yoga. Reiki.

"La quietud no es la ausencia de movimiento o de energía, la quietud es armonía en movimiento, es paz en la capacidad de estar atentos y hacer pausas, es aprender a estar con todo nuestro corazón en el momento en el que estamos"